martes, 15 de febrero de 2011

CULTORES DE LA CUECA BRAVA

En un comienzo hubo varios grupos nacidos en Valparaíso, entre ellos Los Chileneros. También hubo, en la Universidad Santa María, un grupo muy parecido a aquellos, el cual utilizaba instrumentos de viento. Hacían una cueca parecida a la de los organilleros y los payasos; esa de los circos pobres tocada por la banda y bailada por los payasos. Cantores hubo varios. Marillanca, quien era de Limache, tocaba su guitarra en el Restaurante Avenida, de la calle Juana Ross a un costado de la Iglesia de Los Doce Apóstoles. Ahí se reunía guitarristas y acordeonistas. Entre ellos Pepe Fuentes y Jorge Montiel, quienes aparecen en los casetes de Los Pulentos de la Cueca. Montiel era cantor de tangos. Estos personajes le otorgan un estilo de cantar de la cueca; y luego un estilo de baile propio.

Hay otros nombres citados por Los Chileneros en sus producciones, como Vito Lolo, Rubén Loyola, Perico Núñez "Periquín", Mario Cava, Estropajo, Mascareño, Cuadradito, Zurdo Bernal y Juan Po. En Adiós Santiago Querido, los saludan.

También recuerdan a Pollito González, pianista del Cinzano en la actualidad, a la línea de buses Sol del Pacífico y a Carlitos Rojas, "el galán de la noche", para probar su pertenencia y origen (en Puerto de Valparaíso…con cerros y miradores/donde se ve la bahía/con sus buques y vapores).

Ya instalada en Santiago, la cueca brava tiene su mayor representación, en la actualidad, en Los Chileneros, el conjunto que se presentó en la transmisión de mando del Presidente don Ricardo Lagos Escobar. Un video de Mario Rojas. La cueca brava, bitácora de Los Chileneros, de 41 minutos de duración, recorre lugares de la Estación Central y del Club Hípico en el testimonio de tres de sus músicos: don Nano Núñez, de 86 años de edad, el Baucha (Luis Hernán Araneda) y el Perico (Raúl Lizama). El documental de Rojas reúne al conjunto luego de veinte años de aparente inactividad. Los temas de Mario Catalán y Humberto Campos Mesías, entre otros autores del arte popular, recuerdan los lugares míticos tanto del puerto como de Santiago, entre ellos Los Siete Espejos, La Carlina, La Ñaña y La Lechuguina.

Con 85 años a cuestas, Hernán Núñez goza de buena salud y se le considera el representante de la bohemia santiaguina de los años 50. Formado musicalmente entre conventillos y casas de caramba y huifa, este compositor está empeñado en devolverle a la cueca urbana un lugar privilegiado entre las expresiones de cultura popular de Chile. Pese a su edad sigue siendo el alma de Los Chileneros.

Desde que los compases de la cueca llegaron a sus oídos por primera vez a comienzos del siglo XX, en el conventillo donde pasó su primera infancia, este ritmo se convirtió en una arrebatadora pasión. "Conocí la cueca en el conventillo donde vivía, que quedaba en la calle Hugo Toro Mazote, a una cuadra y media de la Alameda. La propiedad era de don Domingo Briceño, un caballero que tenía carretones de golpe, de esos para llevar arena, piedra y ladrillo, que ahora ya no existen- cuenta.

"Briceño sólo permitía festejos para el 18 de septiembre, santos o bautizos, pero igual el pequeño Hernán supo disfrutar del canto de la "señora Manuela", que tocaba el arpa y era muy acomodadita y decentita".

Fue en calle Toro Mazote
que tuve uso de razón
como empezando con cuecas
se alteró mi corazón.


Con ese verso, el cuarto de su largo poema autobiográfico, Núñez deja en claro su temprana afición, que se vio reafirmada cuando su familia se trasladó al cité Colón, de calle General Velásquez.

Cuando niño fue lustrabotas. Así fue conociendo los barrios bravos de La Pila y Ecuador: "después vendí diarios, y esa fue mi contraseña para meterme en los conventillos. Toda la gente empezó a conocerme".

En su historia de cuecas y de versos las mujeres ocupan un lugar importante. "De Pancho Causeo p'abajo eran puras picás. Antes se les decía picás a las mujeres de conventillos que meneaban la cola, no a los restorantes buenos y baratos. Ellas no eran prostitutas, pero se entusiasmaban con uno y otro hombre. Había tomateras y no faltaba que se juntaran todos los gallos y quedaba la escoba, recuerda.

En ese ambiente descubrió que la cueca era guerrera: los guapos se iban en collera. Se cantaba a la rueda y se agarraba por mano. Eran verdaderos duelos y muchas veces terminaban en puñaladas, sobre todo si había faldas de por medio; el roto de entonces era un verdadero poeta. Es aquí donde la cueca brava reconoce su vinculación con la poesía popular: en cuanto crónica de los hechos cotidianos. Sus letras se usaban como una especie de informativo musical donde figuraban hechos policiales, triunfos deportivos, traiciones, desafíos y condenas sufridas por los contertulios.

En una rueda de cantores, en el Parque Cousiño, conoció a Luis Araneda, un matarife, apodado El Baucha. Al poco tiempo se sumó Eduardo Mesías, que más tarde moriría de cáncer a la garganta. Así nacieron Los Chileneros.

Comenzaron a tocar en prostíbulos, en La Carlina, La Ñaña y La Lechuguina. En la primera casa tocaba Raúl Lizama, Perico, quien luego ingresó al grupo. Parte importante de sus comienzos transcurre en Valparaíso, en el bar Nunca se supo. Esta institución de la noche porteña era considerada "la universidad de la cueca". También trabajaron en Los Siete Espejos, Los Ojos Verdes, El Pato Loco, El Turín y El Zeppelín.

Hernán Núñez toca platillos de té con el típico repiquetear de la cueca: no sé tocar nada más que el pandero y algo de percusión, pero mi gracia es hacer letras. Tengo más de 120 cuecas, y me han grabado Las Morenitas, El Dúo Rey Silva, Las Consentidas, Los Paleteados del Puerto, Aparcoa, Inti Illimani y varios otros.

A mediados de los 60 fueron "descubiertos", Los Chileneros, por los folkloristas Héctor Pavez y Margot Loyola. Los presentaron a Rubén Nouzeilles, director artístico de Emi Odeón, sello en el que grabaron sus primeras cuecas en vinilo. Esta experiencia se repitió dos veces más, la última en 1973. En el álbum de la despedida Nouzeilles escribió: la única expresión del folklore urbano, la cueca chilenera, corre el riesgo de desaparecer si no logra ser aceptada y reconocida como hija folklórica legítima de Chile.

Para Nano Núñez, lo que ha matado a la cueca ha sido la influencia extranjera: acá en Chile todos quieren parecer yanquis. Pero según él, también ayudó al exterminio del canto popular urbano el régimen militar, que impuso el toque de queda e impidió la libre expresión del roto: son muchos años de sequía. Cuando se le prende fuego a un terreno, se necesita mucho tiempo para que vuelva a florecer".
Traslado de la cueca brava a la Vega Central en Santiago

Los mejores cantores de cuecas choras, de Santiago, se sostiene, aprendieron a cantar cueca en Valparaíso y la trasladaron a la capital. Para Alvear, refiriéndose a los más conocidos: no lo reconocen; sino que lo dicen orgullosamente los mejores cantores que tienen en Santiago. Los mejores cantores de cuecas choras, de Santiago, ellos reconocen ser de origen porteño. Aprendieron a cantar cueca en Valparaíso, de esa forma. Y la trasladaron a Santiago.

Entonces los santiaguinos dicen de repente, "no, si esto es nuestro, se crea en La Vega, sale por ahí". Pero, puede ser también. No decimos que no. Pero los mejores cantores de cueca que se conocen en Santiago, generalmente tuvieron su origen en Valparaíso. Como el caso de Pepe Fuentes, de Los Chileneros. Fue cantor de Los Chileneros y después de Los Pulentos. El mismo Jorge Montiel cantor de tangos, es porteño. Y es un gran cantor de cueca de ese estilo. Entonces, no podemos decir determinantemente que nace en Valparaíso; pero de acuerdo a los antecedentes generales, se podría decir que la cueca brava es más porteña que santiaguina.

Las razones de este traslado corresponden al decaimiento de Valparaíso después de 1973. Los cantores, terminada la noche porteña con el establecimiento del toque de queda, buscaron nuevos horizontes que justificaran su sobrevivencia. Muchos de ellos partieron a la capital para cantar en restaurantes y entre las mesas de los mercados. Después, poco a poco, pasaron a alegrar las jornadas laborales de los veguinos.

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