martes, 15 de febrero de 2011

Cueca Chora, Como el Puerto

Si quieren escuchar cueca, caramba, cantarla como Dios manda, vamos pal puerto, caramba, vamos pal Nunca se Supo, caramba, que la cantan con el alma, vamos pal puerto.
Una de las tradiciones mas clásicas de Valparaíso es la cueca chora, ritmo que gozó de una época de esplendor que muchos se empeñan en rescatar, pues se trata de un valioso patrimonio intangible.

por Cristián Rojas Molina
Si hay una música netamente porteña, esta es sin duda, la cueca chora, un tipo de cueca de temática urbana, distinta a la cueca campesina, propia del mundo huaso. Aquí los intérpretes visten de terno y sus letras retratan fielmente las vivencias de los bohemios de los años 40 a 60.

"Yo no creo que haya una expresión musical que represente mejor al puerto que la cueca, sobre todo en la época de esplendor de Valparaíso. Las casas de prostitución, como la Miss Merry, Los Siete Espejos, La Casa Amarilla, en la Plaza Echaurren, Cajilla, era un barrio con mucha vida", cuenta Jorge Montiel, cantante de Los Pulentos de la Cueca.

En San Roque, había numerosas quintas de recreo, donde los parroquianos se encerraban hasta por cinco días seguidos, prolongando la fiesta hasta límites que en esos tiempos a nadie le extrañaban. Algunas de estas quintas eran la Alba Rosa, o la mítica "Vieja de las Cazuelas", totalizando más de 15.

Tampoco se puede dejar de mencionar al Nunca se Supo, emblemático local del barrio Almendral donde los diversos artistas de la zona, luego de culminar su trabajo en otros bares y burdeles, llegaban a rematar la noche, estirando la juerga hasta la mañana siguiente.

Estos lugares de encuentro eran territorios de músicos legendarios de la cueca brava porteña, como el "Zurdo Bernal", Mascareño, Elías Zamora, Juan Pou, Benito Núñez, Jorge Montiel, Osvaldo Gajardo, Silvia la Trigueña, Luis Salas, Lucy Briceño y muchos otros que ya se han ido de este mundo, como el "Cuadradito".

"Antiguamente la vida nocturna en Valparaíso era espectacular, el barrio puerto era el barrio rojo, las casas de puta eran conocidas, la mondonga se movía, había un underground bien conocido y hasta elegante. Hoy día no hay nada de eso. Influyó mucho el canal de Panamá y esto terminó por morir con el golpe de Estado y el toque de queda", acota Fernando Leiva, ex integrante de Los Paleteados de Puerto, agrupación con la que obtuvo diversos premios en Festivales.

La cueca porteña tiene varias características distintivas, propias de Valparaíso. "Una de las principales es el entorno en la que se desarrolla, ya que nace en los bares, las quintas de recreo, los prostíbulos, lo que conforma todo un submundo que involucra a la cueca, por todas las características de la gente. La poesía de la cueca habla de lo que vivían ellos, entonces eso la hace más interesante, porque representa ese movimiento cultural", señala el profesor de música Aliro Núñez, uno de los integrantes más jóvenes de La Isla de la Fantasía, grupo de antiguos cuequeros que, gracias a un Fondart, pudieron editar un disco que rescata esta tradición, de la cual no había registros.

En cuanto a las diferencias musicales, aquí se usa mucho piano, batería, pandero y guitarra. Esa es la base, después se le agregaron más instrumentos, como el acordeón. También se canta en la rueda, "que quiere decir cuatro o cinco personas. Yo salgo por la derecha y el otro sigue cuando termino yo, continúa otro, después sigue otro, y siempre hay una segunda voz, y cada uno tiene su forma de cantar, pero todos se acoplan en una cueca. A veces se cantaba de cerro a cerro. Uno salía a cantar y los otros le contestaban del cerro del frente, la gente salía a escuchar y aplaudía", describe el guitarrista Juan Pou, de La Isla de la Fantasía, quien llegó en 1965 desde Santiago a pasar un fin de semana largo que continúa hasta hoy.

"Otro elemento que caracteriza a la cueca porteña es la forma de interpretación: se canta más lento que la sureña, la centrina o la cueca de Santiago, que tiene características similares en cuanto a la temática, pero es un poco más rápida. El baile también es distinto: la habilidad no está en hacer más pasos, más rápidos y mostrar el zapateo. Al igual que en la cueca tradicional, el hombre tiene que tratar de conquistar a la mujer, pero más que con los pasos, con la actitud, la choreza", explica Núñez.

"Las cuecas sureñas son más chicoteaditas, cuecas de a caballo. Aquí son más fraseadas, son más alargadas las estrofas, eso se llama sincopar una cueca" ilustra Pou. "Nosotros la hacemos con más dedicación", precisa Benito Núñez, cantante y además dueño de La Isla de la Fantasía, una verdadera casa de campo en pleno corazón del cerro San Juan de Dios, donde se reúnen a cantar y tocar varios cuequeros antiguos.

Coincide en lo del ritmo sincopado Fernando Leiva, agregando que "la cueca que se hace en el puerto es mucho más pausada, porque dice más cosas, los fraseos son distintos a cualquier parte, meten más cosas que la simple línea melódica y eso también pasa por el bacán, yo puedo decir más texto que tú o puedo arremangar más alto, es decir, la cueca, sin temor a equivocarme o ser siútico, es por esencia un desafío y el que se sale de eso no es cuequero".

Esta forma más lenta de interpretar y los ritmos más marcados permiten a los intérpretes jugar con las voces e improvisar. "Nosotros cantamos la cueca más lenta porque se puede frasear mejor el ritmo de seis octavos", indica Montiel, quien no comulga con el folclor de salón, al estilo de Los Huasos de Algarrobal o Los Quincheros. "Hay ballets como el Bafona o el Bafochi, que hacen coreografías, pero eso es muy aparte, eso es la cueca como un espectáculo.
La cueca en sí es del pueblo, no se viste de gala y la baila cualquier persona que tenga las ganas."

Concuerda en esto Aliro Núñez, agregando que "la cueca porteña es viva, era parte de la vida. Hay grupos que se disfrazan para la cueca, que se visten de huaso, una realidad que nunca han vivido. Les gusta y eso es respetable y válido, pero la cueca porteña es más auténtica, más honesta".

En Valparaíso no se canta vestido de huaso simplemente porque el campo es una realidad ajena. Sería absurdo. "El repertorio de cueca nuestro no es para cantarlo vestido de huaso. Nosotros somos muy respetuosos de la vestimenta del huaso, pero creemos que no le viene cantar de huaso a la cueca porteña, con un vocabulario que utiliza mucho el coa.
Se entiende que la tenida de huaso es para la cueca campesina. Fuimos los primeros en presentarnos de civil en el Festival de Viña y recibimos críticas: poco respeto por el traje de huaso, que éramos muy elegantes, que la dama que tocaba el piano lo hacía con un vestido de fiesta, etc. Nosotros siempre hemos respetado mucho a la cueca y por respeto a la cueca nos presentamos correctamente vestidos. Nos gusta ser pulcros en nuestra vestimenta y la cueca nuestra es porteña, urbana, entonces no estamos faltando el respeto al no vestirnos de huaso, al contrario", señala Osvaldo Gajardo, cantante y guitarrista que lleva más de 50 años en la cueca y fundador de Los Paleteados del Puerto, que este año cumplieron 12 años de trayectoria.

"Cuando mandé una cueca a Viña -añade Leiva- , que salió seleccionada, salió un viejo Collado, que escribía en el Mercurio, diciendo que lamentaba que los Paleteados -vestidos de civil- no tocaran vestidos de huaso y que la niña iba vestida como mujer de dudosa reputación. ¡Y eso era adrede! Entonces, en una oportunidad en que me entrevistó, le dije que le apostaba el premio íntegro, a que él aprovechara la colección de El Mercurio y me mostrara dónde se vistieron de huaso en el puerto para cantar cueca. Claro, tiene que haber habido, porque para los 18 se les contrata si se visten de huaso. Pero en forma natural, aquí ¿cuanto huaso andaba en la orilla?, ¿los huasos vendían mariscos?."

A juicio de Leiva "la cueca muere aquel 18 de septiembre en que se firma el decreto que la declara baile nacional. Si a los cultores de la cueca no se les permite expresarla como ellos la sienten, está condenada a morir. La cueca no tiene futuro mientras siga estereotipándose"

Algo de ello ocurre en el tradicional campeonato de cueca que se realiza en Arica, desde hace décadas, donde hubo muchos campeones porteños y "las parejas de Valparaíso eran muy respetadas. Pero con el tiempo se impusieron reglamentos sobre cómo bailar la cueca, cómo debían presentarse las parejas y ahora en los campeonatos todos bailan igual. Antes Valparaíso tenía su estilo, muy diferente del que se bailaba en otras ciudades y esa era una de las razones porque ganaban.", rememora Gajardo.
¿Se valora la cueca?

En Chile, pese a que la cueca es el baile nacional, muchos creen que ésta sólo se baila para las Fiestas Patrias. Pero aún así, los verdaderos cuequeros se han visto desplazados de las fondas. "Para el 18 los viejos no trabajaron, en ningún lado hubo pega, porque las mismas bandas tropicales tocaban unos pies de cueca", cuenta resignado Aliro.
"El porteño es muy ignorante de sus tradiciones. Por ejemplo, la fiesta de San Pedro, de los pescadores, tiene batucadas, diabladas, gitanos y ya no tiene bailes chinos. Los cantores tampoco van a hacer cueca.

De Rancagua para el sur, la gente vive la cueca de una forma muy distinta a los porteños. Hay festivales de cueca en los que van 3 mil, 5 mil personas. Aquí en Valparaíso parece que están los ingleses de Latinoamérica.", agrega Leiva.

Discrepa en esta apreciación Osvaldo Gajardo, quien participó en los recitales de cueca que se realizaron en los teatros municipales de Valparaíso y Viña del Mar-dos en cada uno-. "Aquí la gente es cuequera, lo demostró con los cuecazos, que tuvieron una aceptación tremenda de público, a tal punto que quedó gente de pie en los pasillos.

Entonces, para una expresión musical como el folclor, era una novedad ver el Municipal, tanto de Valparaíso, como de Viña, lleno, con un público enfervorizado por la cueca, bailando en los pasillos e incluso subiéndose al escenario a bailar."

Pese a esta enorme convocatoria, no se valora el trabajo de estos folcloristas, tanto por parte de autoridades, como de empresarios locales. "Lamentablemente los cuequeros son mirados en menos. Para los 18 de septiembre las mismas orquestas tropicales hacen unos pies de cueca. Para este 18 había un solo conjunto de cuecas en todo el parque Alejo Barrios. Entonces hay poco respeto por los cuequeros, porque al momento de los quiubo ofrecen una mugre de plata", se queja Gajardo.

"Falta compromiso de las autoridades -agrega Aliro Núñez-. No nos han invitado ni a los carnavales culturales. El año pasado nos dijeron si podíamos tocar al día siguiente, pero querían que tocáramos gratis. Los grupos que vienen de afuera no tocan gratis. Muchas veces hemos ido a tocar afuera, en Santiago, hicimos una gira a al sur, Puerto Montt, Valdivia, y bien pagado. Pero aquí no se le da el valor que se merece, no se valora a su gente. Los artistas porteños no tienen nada que envidiarle a los de Santiago"
Montiel es categórico al señalar que "los que abrazan el folclor como nosotros, tienen que ser locos, como nosotros, porque el folclore no da. Yo tengo que mantener una familia, por lo que tuve que empezar a cantar tangos, pese a que el tango no me gusta para nada. Pero tuve que aprenderlo, porque desgraciadamente la cueca no da para vivir".
El Rincón de las Guitarras

Un punto en el que coincidieron muchos de los entrevistados es la falta de un local apropiado donde poder disfrutar de la cueca en vivo. Si bien es cierto, se han hecho espectáculos como los cuecazos en Viña y Valparaíso, éstos se dan con una frecuencia de aproximadamente cuatro veces al año. Pero ¿y los 48 fines de semana restantes? ¿y si la gente quiere servirse una comida o compartir un trago con los artistas?.

Afortunadamente existe un lugar que conjuga todo esto: El Rincón de las Guitarras, ubicado en Freire 431, entre Chacabuco y Pedro Montt.

"Aquí venimos a cantar, a ensayar, a tomarnos un traguito, a compartir. Hacemos fiestas cuando menos se piensa", cuenta Montiel.

La idea de este local desde un principio fue brindar un espacio a los folcloristas porteños, rememorando antiguos locales. Aquí llega Juan Pou, Luis Salas (acordeonista de La Isla de la Fantasía y ex integrante de Fiesta Linda), Lucy Briceño (cantante de La Isla de la Fantasía), Elías Zamora, (baterista de La Isla de la Fantasía y Los Paleteados del Puerto) y también boleristas, como Jorge Farías.

Jaime, el dueño del local indica que "generalmente nos juntamos el día viernes al guitarreo y canturreo", mientras una parroquiana advierte que "hay un lema: es de rotos quedarse el día viernes en la casa. A veces somos 30 o 40 y durante toda la noche. A las seis, siete de la mañana del sábado uno se está yendo" "Aquí se recibe a toda persona que guste del folclor, -añade Montiel-. Nunca ha habido una pelea, sólo hay amistad y cariño. Esta es, además, una fuente de trabajo para nosotros, porque muchas veces me han contratado aquí, para fiestas o matrimonios."

La música folclórica es la que prevalece, mientras la cumbia o el rock and roll escasean. Y es que, como dijo sabiamente Montiel: "la cueca es perenne, los demás ritmos pueden ser caducos".

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